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Pocos días antes de la celebración de San Fermín los medios de comunicación se hicieron eco del Auto dictado por la Magistrada-Juez Doña Victoria Rubio, titular del Juzgado de lo Mercantil nº 1 de los de Pamplona. Este juzgado es escenario del último enfrentamiento entre Kukuxumusu y Mikel Urmeneta, uno de los cofundadores de la empresa y creador de los diseños que comercializa la marca del toro azul “Testis”. 


Como muchos lectores recordarán, Kukuxumusu, que vivió su época dorada en los años 2000, entró en la segunda década de este siglo en una grave crisis: se cerraron tiendas, hubo despidos y finalmente se procedió a la venta de la mayoría de las acciones. El comprador fue el diseñador y empresario navarro Ricardo Bermejo, quien no solo adquirió el 66% de la empresa sino también los derechos patrimoniales (reproducción, distribución, comunicación pública y transformación) de los “dibujos del Universo Kukuxumusu” en virtud de una serie de contratos de cesión.

Los enfrentamientos entre los socios fueron una constante desde el principio (el propio Urmeneta relató que acabó arrancándole el ordenador de la mesa a Bermejo en una sus discusiones) por lo que no extrañó a nadie que Urmeneta abandonara la empresa a principios de 2016 para fundar una nueva marca: Katuki Saguyaki.

Bermejo interpuso entonces demanda contra Urmeneta por infracción de derechos de propiedad intelectual alegando que Kukuxumusu es titular de los dibujos que estaba utilizando éste para los productos comercializados por la nueva marca.

La avanzadilla de la mencionada demanda ha sido la petición coetánea de medidas cautelares que se ventiló en vista de 24 de junio. Cuatro días más tarde veía la luz el Auto resolviendo la petición de dichas medidas.

El citado Auto estimaba la petición de medidas cautelares formulada por los abogados de Kukuxumusu y acordaba la suspensión y prohibición cautelar de reproducir y transformar los llamados “dibujos del Universo Kukuxumusu”. Para determinar cuáles son estos dibujos, la resolución se remite a los contratos de cesión que mencionábamos más arriba. Se acordaba, asimismo, la retirada y retención cautelar de los productos que incorporasen los descritos dibujos.

La resolución motivaba el otorgamiento de las medidas porqué "los dibujos utilizados por los codemandados para incorporarlos a los productos que venden a través de la página web de Katuki Saguyaki y resto de plataformas son copias o transformaciones de aquellos que fueron cedidos en exclusiva a la demandante”.

¿Significa esto que Urmeneta no va a poder emplear más el estilo de dibujo que se ha hecho famoso bajo la marca Kukuxumusu? ¿Qué ocurrirá con el famoso toro azul, “Mr. Testis”? ¿Podrá Urmeneta utilizarlo en nuevas creaciones para Katuki Saguyaki?

No es la primera vez que un asunto así llega a los tribunales. El debate sobre los límites de la cesión de los derechos de autor se remonta a los orígenes de la misma caricatura satírica (un género que se halla presente en numerosos dibujos de Urmeneta).

Durante el período de 1894 a 1895 el estadounidense Richard Felton Outcault (1863-1928) había publicado una serie de viñetas satíricas en la revista “Truth”. Su éxito hizo que Joseph Pulitzer (1847-1911) se interesara por su trabajo y así comenzó a publicar sus viñetas en la revista dominical que editaba el magnate de la prensa, “World Funny Side”. El éxito que tuvieron decidió a Pulitzer a publicarlas en color. La serie se titulaba “At the circus in Hogan´s Alley” y en ella Outcault presentaba una serie de personajes típicos de los bajos fondos neoyorkinos. Uno de ellos, un muchacho llamado Mickey Dugan, vestido únicamente con un enorme camisón amarillo en el que se veían escritas sus réplicas, se convirtió enseguida en el favorito del publico pasando a ser conocido únicamente como “The yellow kid”.

La competencia en la prensa era feroz por aquel entonces y otro magnate de los medios de comunicación le echó el ojo a la creación de Outcault: William Randolph Hearst (1863- 1951). Hearst contrató para su periódico a toda la plantilla del “World Funny Side” de Pulitzer para lanzar un suplemento dominical llamado “American Humorist”. Naturalmente acabaron en los tribunales que dictaminaron que la serie “Hogan´s Alley” pertenecía al periódico de Pulitzer, pero los personajes (incluyendo a “The yellow kid”) pertenecían a su autor. Esta sentencia provocó que el personaje apareciese a la vez en los dos dominicales, pues Pulitzer contrató a otro dibujante para continuar el trabajo de Outcault. Toda esta guerra entre editores por el personaje, dio nombre a lo que hoy conocemos como prensa amarilla.

Como afirma elocuentemente BERCOVITZ ÁLVAREZ no se puede adquirir la obra de un autor y exigir “que se olvide” de ella. En primer lugar, porqué los derechos morales son irrenunciables e inalienables (artículo 14 Ley de Propiedad Intelectual) y, en segundo lugar, porqué ni siquiera el derecho patrimonial sobre una obra puede ser transmitido totalmente. Un ejemplo es el derecho moral de retirada (artículo 14.6 LPI) o la necesidad de obtener consentimiento del autor para transmitir su derecho (artículo 49 LPI).

Los tribunales no van a tener que pronunciarse sobre quién es el creador de los denominados “dibujos del universo Kukuxumusu”. Nadie pone en duda la autoría de Urmeneta. La cesión de los derechos patrimoniales no implica la cesión del derecho moral a la paternidad de la obra. Tampoco se discute quién es el titular de dichos dibujos. Lo que se discute es si Urmeneta ha infringido los derechos que cedió a su antigua empresa al comercializar diseños incluidos en los “dibujos del universo Kukuxumusu”. Lo que causa inquietud entre artistas y diseñadores gráficos es si el efectuar una cesión patrimonial de una de sus creaciones supone, en la práctica, “olvidarse” del estilo con que dicha creación está plasmada. Pero no olvidemos a “the yellow kid”. Los tribunales dictaminaron que la serie pertenecía al tabloide de Pulitzer, pero sus personajes, sus creaciones, pertenecían a su autor.

Urmeneta no alberga duda alguna acerca de su paternidad. En una ilustración que ha publicado en Twitter su toro azul le comenta angustiado: “Mikel, he empezado a ir al psiquiatra, a veces me entran dudas de si soy tu criatura o una adaptación del universo que creaste". “Tú siempre serás mi criatura” le contesta Urmeneta y en esa afirmación hay un eco de la vieja máxima kantiana que sostiene que “una obra de arte no puede separarse de su autor".

 




Comentarios

  1. Francisco Adan

    Me ha gustado mucho...y creo que Kant tiene razón (así, en presente)

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