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A lo largo de los años, he comprobado que una de las causas más típicas de fracaso al intentar hacer un protocolo familiar, es querer entrar a examinar todos los puntos que normalmente se regulan o se pueden regular en un protocolo.

Son muchos los ejemplos de familias que han gastado dinero y tiempo en redactar protocolos de gran volumen de páginas, que luego solo han servido para almacenarlo en las estanterías de sus despachos.

Hace tiempo que ya reflexioné sobre este problema, llegando a la conclusión que los profesionales que nos encargamos de este tipo de materias tenemos algo de culpa y por tanto, debemos ser honrados con nuestros clientes y no querer embarcarlos a la primera en un proceso que no llegue a ninguna finalidad.

Yo cada vez con más fuerza defiendo la necesidad de introducir la sencillez en el mundo jurídico, la simplicidad, la individualización, y más en un proceso como el protocolo familiar, que debe ser flexible, debe adaptarse a las circunstancias de cada familia, de cada empresa y sobre todo de cada momento.

Así, por ejemplo, en una empresa familiar de segunda generación joven, donde los hijos de un solo fundador están recién incorporados a la empresa de su padre, y no tienen hijos o los tienen muy pequeños, a lo mejor lo que les interesa en ese momento es regular sus sueldos, sus  funciones y responsabilidades, más que perder el tiempo en regular como va a ser la entrada de sus hijos, (nietos del fundador) presentes o futuros.



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