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Hoy en día escuchamos y leemos por todos los sitios que las habilidades son más importantes que los conocimientos. En el caso de los abogados, y seguramente en cualquier otro sector, ser brillante está muy bien. Pero tener éxito requiere trabajar duro. Y trabajar duro normalmente es lo más determinante para tener éxito y ser un buen profesional.

Muchos profesionales cuando tienen contacto con otros sectores profesionales llegan a decir que en esos trabajos el 90% del éxito es presumir, pasillear, venderse y no tanto obtener resultados. Los abogados tienden a pensar que la abogacía es más que estar en el despacho, acudir al juzgado o en una sala de reuniones. Piensan que de alguna manera son una élite, orgullosa de su perspicacia, creatividad, profundos conocimientos en algún área de práctica y de sus bien entrenadas mentes.

Es cierto que el trabajo de abogado resulta interesante e intelectualmente retante. Por ejemplo en el área de litigación se requieren habilidades especiales que ayudan a que los clientes consigan sus objetivos. Esos conocimientos, creatividad y formación (que en realidad es lo que aprendes trabajando y no lo que has aprendido en la facultad) puede, realmente, ser determinante para ayudar a los clientes a ganar.

Sin embargo nada de eso sustituye al simple trabajo duro. A mucho trabajo duro. Nos gusta creernos inteligentes y brillantes. Podemos llegar a creernos especiales por esa o aquella idea creativa que tuvimos. Nuevamente eso está bien. Muy bien. Pero no es suficiente. Esas habilidades y formación no nos dispensan de la obligación de trabajar mucho y duro.

Podemos ser brillantes y tener todo tipo de titulaciones pero aun así necesitaremos revisar documentos y documentos con cientos de páginas antes de cualquier paso que vayamos a dar.

La agudeza e inteligencia son guays. Podemos haber pasado un año en Inglaterra o habernos graduado por tal o cual facultad. Pero aun así nada te libra de estudiar y revisar una y otra vez toda la documentación del caso, buscar y releer e interpretar la normativa, la jurisprudencia, etc.

La mayoría de los abogados son gente inteligente, pero no es esa inteligencia lo que les ayuda a ganar casos y solucionar los problemas de sus clientes. Trabajar duro, cada día y en cada uno de los casos, y normalmente hacerlo más duro que el abogado de la parte contraria, es lo que te ayudará a ganar.




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