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La abogada de la Universidad Católica del Perú y socia del estudio Rubio Leguía Normand explica los espacios que las profesionales han ido conquistando tras una toma de conciencia que les permitió agruparse, armar redes y derribar estereotipos.

César Contreras Manzor

A mediados de mayo —momento en el cual dio esta entrevista—, en Santiago, se realizó la entrega de los premios “Chambers Women in Law Awards: América Latina 2018”, que buscaba reconocer a quienes han promovido el avance de las mujeres dentro de la esfera legal en la región, apoyar sus iniciativas innovadoras y dar mayor visibilidad a la diversidad de género.

Marlene Molero Suárez, abogada de la Universidad Católica del Perú y socia del estudio Rubio Leguía Normand (Perú), había sido la última ganadora del premio “Future Leader – Gender Diversity”, otorgado en la versión anterior (2016), en Bogotá, Colombia. En esta oportunidad, el galardón se ampliaba y dejaba de ser regional, pasando a tener un reconocimiento por país. Molero estuvo entre las nominadas por el suyo.

La abogada —que se desempeña en derecho laboral— es especialista en género y políticas públicas, colabora ocasionalmente como consultora del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, y es profesora universitaria.

El regreso al sector privado

Marlene Molero cursó estudios en derecho comunitario, en la Stockholm Universitet (2005); tomó cursos de especialización en derecho del trabajo en la Universidad Complutense de Madrid (2007); en la Universidad de Sevilla (2007-2008) y en la Universidad de Castilla-La Mancha (2012). Además, tiene un diplomado de estudios de género en la Universidad Católica del Perú (2010) y un Master en Género, Políticas Públicas y Desigualdad, en la London School of Economics (2013).

No fue sino hasta su estadía en Londres que esta abogada se reconoció feminista. Antes —cuenta— le tenía el mismo temor y desconfianza que muchas mujeres hoy le tienen al término, lo que atribuye al desconocimiento.

Cuando regresó, propuso al estudio realizar un seminario de género para el sector empresarial, que fue el primero de su tipo. Se trataba de un tema que siempre se había tratado a nivel de organizaciones de base, en determinados sectores económicos, con ciertos tipos de reclamos o acciones, pero nunca desde el ángulo de la responsabilidad empresarial.

— ¿Cómo fue la recepción?
“Pensamos que el seminario iba a tener 20 personas y llegaron 100, en un salón lleno. Hablamos de igualdad de género en el trabajo, dimos ideas de qué se podía hacer en reclutamiento y selección de personal, desarrollo profesional y conciliación. Luego de ello se nos acercaban a preguntar qué podían hacer, nos contrataban para hacer talleres, formular planes y, en paralelo, surgieron iniciativas como un ranking de equidad de género para empresas que organiza Equales en Colombia y Perú. Fue el punto de partida para muchas empresas”.

Pero también fue la puerta de entrada para conocer a fondo la realidad del sector: “Había mujeres que pensaban que las dificultades eran exclusivas de cada una. Se sentían interrumpidas en reuniones, que sus ideas no eran escuchadas o que las experiencias personales eran paranoias. Vi abogadas que pensaban que estaba bien que les quitaran su bono, porque no estaban trabajando al irse con su licencia de maternidad. Comenzaron a entender que eran conductas que afectaban a muchas y notamos una evolución”, dice.

Así, formaron un grupo de mujeres empresarias que desde sus círculos y esferas de influencia trabajan para generar oportunidades de trabajo, liderazgo, empoderamiento y desarrollo de capacidades. Pero también se preocuparon de generar un factor que hoy puede hacer la diferencia: hacer networking y recomendarse unas a otras.

A raíz del movimiento #Ni una menos —analiza—, Latinoamérica despierta y logra consenso respecto a temas de violencia. “Tanto hombres como mujeres entienden que lo que está pasando no está bien y que se tiene que hacer algo al respecto, sumando esfuerzos”, añade.

Sin embargo, advierte, los beneficios que conlleva mayor equidad de género, como mejorar la imagen corporativa o conseguir mayor productividad, mayores retornos de inversión y mayor capacidad para enfrentar crisis, se notan en empresas de mayor tamaño. Para las pequeñas y medianas empresas no es fácil ser inclusivas, promover paridad o tener al menos un 30% de mujeres en puestos de liderazgo: “Se debe plantear una estrategia distinta, que les resulte atractiva y sea una ganancia”.

— ¿Qué significan los premios Chambers para ti?
“Para mí, el premio es un reconocimiento por las cosas que estoy haciendo y las que ya hice en temas de género; una tangibilización de esfuerzos y la posibilidad de aportar a la imagen del estudio. Te conviertes en símbolo de que hay prácticas de equidad y abres la puerta al fenómeno. Chambers es uno de los rankings internacionales más importantes en el mundo jurídico y aunque su foco principal es listar a abogados y estudios por sus especialidad de práctica, como el tema de género es tendencia en todos lados y en América Latina se está replicando lo que ya pasó en EE.UU. y Europa, crearon este programa que se llama “Women in Law”. Con él resaltan a las abogadas, no por ser las mejores en sus respectivas áreas, sino por cómo promueven a otras mujeres, cómo han incidido en el logro de avances en el sector legal”.

— ¿Cómo ves el avance de género en la esfera legal en Perú y Latinoamérica?
“Cada vez hay más clientes que piden políticas de diversidad antes de contratar o composición de socios por género. Si observamos el ingreso a los estudios jurídicos en Perú, tenemos 50% de hombres y 50% de mujeres, pero si escrutamos a nivel de socios, veremos sólo un 17% de mujeres a nivel nacional. Es muy poco; sobre todo porque desde el año 2000 las mujeres que egresan de las universidades son mayoría. Ya el pipeline está listo como para que seamos más socias y no lo somos”.

Molero cuenta que es parte de una agrupación llamada “Women in the Profession”, iniciativa que viene del Bank Center en Nueva York y está presente en 18 países. En Perú comenzó en diciembre de 2016: “Éramos 11 abogadas, la mayoría socias de estudios, abogadas senior y de empresas”. Luego se transformaron en 90 y formaron comités por líneas de acción: visibilidad, liderazgo, mediciones y estudios, y buenas prácticas. “Hoy somos más de 500”, dice.

Y agrega: “El talento de una mujer es igual de valioso que el del hombre, pero no estamos en los paneles, no estamos en la academia, no estamos donde debemos estar, no estamos ni siquiera rankeadas como deberíamos estar. Entonces, si no juntas fuerza y creas conciencia, no cambias las cosas”.

La injusticia de la Justicia

— ¿Cómo ves la sentencia del caso La Manada?
“En la sociedad iberoamericana lo que está pasando es que nos enfrentamos a una ola de violencia visibilizada contra la mujer, que siempre ha existido, pero que ahora se ve. Lamentablemente, los movimientos han sido acompañados de sentencias que nos dan vergüenza, como la de “La Manada”, llena de estereotipos a la hora de juzgar, que calificaron una violación como abuso sexual, porque los jueces no ven coacción ni violencia. Entonces, de eso trata el estereotipo, de cómo se tiene que comportar una mujer al ser violada: la violencia continúa en el propio sistema de justicia.

En Perú no hemos sido ajenos a esta aberración de sentencia, pues tenemos una muy reciente: el caso de Arlette Contreras. Las imágenes que salieron son de ella corriendo por un hotel en baby doll y su pareja, hombre, desnudo, la sigue, la agarra del pelo y comienza a arrastrarla por el piso, mientras ella grita. Luego trata de meterla al cuarto del hotel. Una persona del staff trata de ayudarla, no puede y luego se escuchan gritos adentro del cuarto.

Él fue acusado de intento de femenicidio y de violación, pero fue absuelto. La sala civil dijo que no hubo intentos, sino agresiones y lesiones, pero que no fueron informadas por el fiscal. También fue una evaluación llena de estereotipos, de que ella era su enamorada, que no gritó, que había ido por su propia voluntad.

Éste es un caso conocido, pero hemos tenido sentencias que declaran la inocencia porque la víctima no gritó. ¿Cómo deben comportarse las mujeres al ser violadas?

No es un tema sólo de jueces hombres: en el caso de Arlette había una jueza. Entonces a toda esta ola de protesta y de sonoridad se le está poniendo enfrente una ola de represión, de estereotipos, que se le ha llamado el posmachismo, esto es, ‘coincidimos hasta ciertas partes, pero te debes comportar o vestir de determinada manera’, entonces seguimos atribuyéndole culpa a las mujeres por las agresiones que pasan.

Legalmente, tendremos que entender que no son casos aislados, sino que hay un problema de estructura. Hay una académica feminista, abogada, que se llama Catherine Mackinnon, que critica que el Derecho mira a las mujeres como los hombres las ven: en su vulnerabilidad. Y, en consecuencia, tienes legislación sobre violencia, acoso y maternidad, por ejemplo. Pero también pasa que ve a las mujeres como hombres y ahí está todo el resto del Derecho, con leyes supuestamente neutrales, que en realidad no lo son, porque están pensadas principalmente para hombres que no son discriminados ni vulnerados”.

Reproducción autorizada por Idealex.press  Ver artículo original




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