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En la revista XL El Semana, de 8 de mayo de 2016, entrevistan a un tal Charles Lewis, que dice ser fundador del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Que es la organización que ha recibido, de segunda mano, la “filtración anónima” de documentación sobre personas y entidades que han tenido vinculación con cierto despacho panameño, que proveía servicios jurídico en diversos territorios.

Conste que todo esto de los “papeles” tiene muchas aristas cuanto menos “curiosas”, que darían para muchos comentarios, sobre todo preguntas. Pero conste también que me parece muy bien, como criterio general, que se fomente la transparencia y el cumplimiento normativo en materia fiscal y a nivel internacional –del criterio general a la concreción puede haber un trecho o muchos matices, pero tampoco es ese el tema ahora–.

Lo que ha hecho que no me pueda resistir a hacer un comentario es una sencilla y breve pregunta a la que contesta el Señor Lewis en la citada entrevista. La pregunta y la respuesta son las siguientes:

 “XL. ¿Tan mal ve la situación mundial?

C.L. Nunca antes hemos tenido una falta de regulación como hoy en día, donde los sistemas offshore funcionan impunemente. Ni el Banco Mundial ni el Fondo Monetario Internacional ejercen ningún control sobre los bancos; la Interpol es como un chiste que no tiene autoridad; y no existe una legislación con poder suficiente para sancionar a los paraísos fiscales.”

La contestación no tiene desperdicio. Por suerte es breve, aunque intensa, y la podemos analizar punto por punto. La primera –nunca antes hemos tenido una falta de regulación como hoy en día– es totalmente falsa, de una falsedad evidente e incluso medible. Lo cierto e incuestionable es que nunca ha existido tanta regulación y tan estricta –fiscal y contra el blanqueo de capitales– como en la actualidad, en la mayoría de los países y en su conjunto, interna e internacional. Que no le guste la que hay, o que no se aplique de manera perfecta y con la suficiente eficacia, puede ser, pero “haberla hayla”, y mucha y muy estricta. Y precisamente ha crecido de manera ingente en los últimos 10 años.

En cuanto a la consecuencia que deduce de lo anterior –los sistemas offshore funcionan impunemente– tiene su parte de razón. Sobre todo teniendo en cuenta que “un sistema offshore” no es en sí mismo delictivo ni reprochable, por tanto no solo funciona impunemente, sino que así debe ser. Se trata, simple y llanamente, de una entidad jurídica con domicilio en una jurisdicción, cuya actividad se realiza en otra jurisdicción, y eso está permitido en todos los ordenamientos jurídicos del mundo, de una u otra forma –al menos en todos los que yo conozco–. Si lo que está intentando decir –debemos suponer– es que las entidades offshore de paraísos fiscales con fines y coberturas legales de ocultación, también se le podría dar cierta razón desde una perspectiva histórica. En muchos casos han funcionado impunemente durante mucho tiempo. Pero pierde la razón al vincular esa afirmación con el presente, como si ese fenómeno de impunidad permaneciera igual, o incluso fuera creciente. La realidad es que esos sistemas llevan muchos años perdiendo la opacidad en sus destinos “clásicos”, y están siendo progresivamente acorralados por la colaboración entre Administraciones, regulación bancaria y desarrollo normativo. Falta muchos, es un  proceso complejo e incluso me atrevo a decir que nunca será perfecto y completo, pero se ha avanzado y se sigue avanzando muchísimo a día de hoy.

Luego sigue contra el Banco Mundial. Y tiene razón al afirmar que no ejerce ningún control sobre los bancos. El problema es que el Banco mundial no tiene, ni pretende tener, ninguna función de regulación, supervisión o coordinación de los bancos comerciales. Ni siquiera de los bancos centrales. Es un organismo especializado de la ONU, que tiene como fines: terminar con la pobreza extrema; y promover la prosperidad compartida. Para lo cual realiza estudios, provee asesoramiento a países en vías de desarrollo, y facilita financiación sin interés e incluso donaciones. Efectivamente no ejerce ningún control, porque no puede hacerlo, porque no está para eso. Pero eso no quiere decir que los bancos, en el mundo, no estén sometidos a controles, lo están y mucho, seguramente sea el sector más regulado y controlado desde muchos puntos de vista. ¿que los mecanismos no son perfectos? Claro, ninguna obra humana lo es. Pero no equivoquemos el foco.

Tampoco el Fondo Monetario Internacional tiene tal cometido, ni parecido. Nadie se lo ha encomendado. Sino que se trata de otro organismo público, que aglutina a 189 Estados para, fundamentalmente, coordinar sus políticas monetarias. A quienes tiene que supervisar es, por tanto, a los Estados respecto de sus políticas económicas. Pero nunca a los bancos.

Cabría anunciarle al señor Lewis, que tanto interés muestra por el asunto, que la tarea de regulación y supervisión de los bancos corresponde a los Estados en los que operan. Cuestión de soberanía y jurisdicción, a la que no es fácil renunciar, y menos aún obligar a que ninguno renuncie. Pero, para darle alguna buena “noticia” a tan influyente y comprometido periodista, le podemos explicar que sí existe un ente internacional con funciones específicas de coordinación de la regulación bancaria en el mundo. Se trata del Comité de Basilea, que nació al amparo del G-10, y que efectivamente está teniendo una fuerte influencia en la determinación del capital de los bancos de todo el mundo, a través de las regulaciones internas de los Estados desarrollados. Pero además le alegrará saber que las autoridades de algunos Estados sí que ejercen influencias significativas sobre otros Estados menores y sobre Bancos de otras jurisdicciones. Paradigmáticamente, cuando le conviene, los Estados Unidos de América han contribuido y lo siguen haciendo, a transformar ostensiblemente el panorama bancario y financiero internacional en los últimos años. Se lo puedo asegurar.

La Interpol ya excede de mis propias funciones, pero “me temo” (se puede contrastar fácilmente en su web) que también es una organización para coordinar a cuerpos de policía, y no para hacer propiamente de “policía mundial”.

El problema, parece, es que este señor debe pensar que existe un “gobierno mundial”, con sus correspondientes competencias y órganos ejecutivos. Lo cual quizás sea una buena idea por la que “luchar”, pero desde luego no es real hoy en día. No le enmiendo la intención ni el idealismo romántico, pero como periodista me da la sensación de que le sería exigible rigor, y un poco de realismo.




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