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Se siguen manejando con gran soltura dos conocidos y viejos mantras, que se refieren a la posición de los ricos en el sistema tributario. Uno es que “los ricos pagan menos impuestos” y, el otro, que los problemas recaudatorios se arreglan subiendo los impuestos a “los ricos” (hay más, pero vayamos por partes).

El problema de partida para hacer una valoración, mínimamente razonable, de tales asertos, es la propia definición o delimitación del concepto de “ricos”. Es evidente que habrá menos ricos, cuando más alto se ponga el listón. Y, en consecuencia, si se utiliza una delimitación de “rico” muy exigente, se reduce necesariamente el potencial de recaudación que es pueda obtener de ellos. La única solución matemática es ampliar progresivamente la definición de “rico”, rebajando el umbral para que quepan más, y con ello ampliar la base recaudatoria. Y así, hasta cubrir las “necesidades” presupuestarias creadas y –políticamente– irrenunciables, a costa de considerar ricos a quienes quizás no lo sean tanto. Esto es lo que denomino “necesidad expansiva del concepto de rico”.

Aunque la posición más típica entre los propagandistas de estos mantras es omitir su delimitación, pero insistir mucho en el término e incluso pronunciarlo con displicencia.

En cualquiera de los casos, y dado que debemos avanzar, voy a tratar de analizar el problema, con la que llamo “metáfora del pescado”. Espero que sirva.

Resulta que, según los últimos datos disponibles (corresponden a 2014, publicados por la FAO, pero son igualmente útiles para nuestro objeto), en el mundo entero se consumen 167,2 millones de toneladas anuales de pescado. Es público y notorio que el animal marino de mayor tamaño es la ballena azul, cuyo peso medio se puede establecer en 180 toneladas. Como se estima que existen entre 10.000 y 25.000 ballenas azules en el mundo (datos de National Gaographic), su captura total podría proporcionar 3.150.000 toneladas. Lo que representa una parte muy pequeña (un 1,88 por 100), claramente insuficiente, de las necesidades de consumo. Sin contar con el absurdo de que dicha captura extinguiría la especie –pan para hoy, hambre para mañana–.

El mito de los ricos

Eso es lo que pasa con “el mito de los ricos” como “caladero” objetivo de la recaudación tributaria –más bien del discurso político populista–. Claro está que los ricos son más ricos –valga la perogrullada–, y que algunos incluso lo son muchísimo. Pero es igual de cierto que son muy pocos –por eso pueden ser atacados impunemente, por su escaso peso específico electoral–. Por lo que, por muy altos que les pongamos los impuestos a dichos ricos, ni siquiera su agotamiento total satisface las necesidades recaudatorias que, matemáticamente, solo pueden cubrirse acudiendo también –y en gran medida–a “los peces medianos y pequeños”.

Efectivamente, volviendo al ejemplo de la pesca, la realidad es que la mayoría de las capturas y del consumo se compone de variedades de tamaño mediano (atún, bacalao, caballa, merluza…) e incluso pequeño (anchoa, arenque…). La explicación es evidente, a pesar de su menor peso unitario, existen muchísimas más unidades. Y también es cierto que son más fáciles de capturar…

Así, las clases “medias” –el rango social más amplio de los países desarrollados–, son los destinatarios naturales y necesarios de las subidas de impuestos, si se adopta una posición realista. Y entre éstos los tramos relativamente más altos, es decir, lo que se llaman clases “medias-altas”. El problema es que esas clases ya están “agotadas”, son caladeros “sobreexplotados”, al menos en el sentido de que a medida que crece su nivel y sus circunstancias se lo permiten, tienden a utilizar su incentivo a la planificación fiscal –desde la organización de su estructura patrimonial y de rentas, hasta la deslocalización personal–.

Un poco más gráficamente:

Esperando que haya quedado claro el mensaje, gracias al ejemplo, consideremos ahora la afirmación de que “los ricos pagan pocos impuestos”. Ya hemos anticipado que, por mucho que paguen tampoco se arreglan los problemas, y luego lo demostraremos, salvo que extendamos la categoría de rico hasta las clases medias. Cuanto más descienda, mayor eficacia recaudatoria. Pues las matemáticas no engañan, y desde siempre un 1% de 100 es más que un 50% de 1, concretamente el doble.

Veamos las estadísticas de recaudación tributaria

Pero además resulta que sí que pagan, y significativamente más, tanto en términos absolutos y relativos (no estamos hablando ni de empresas ni de fraude, cuestiones ya tratadas en esta serie de “demagogias tributarias”). Por ejemplo, tomando como referencia los datos de recaudación tributaria de 2014 (estadística de los declarantes del IRPF de la AEAT), el número de declarantes de rentas superiores a 600.001€ era de 5.394, y contribuyeron (cuota líquida) 3.109 millones de euros, es decir, el 0,0279% más rico aportó el 4,5% de la recaudación por IRPF.

Si consideramos “ricos” a los declarantes con rentas superiores a 150.000€, fueron 68.516 contribuyendo con 8.746 millones. El 0,3539% de declarantes aportaron el 12,66% de las cuotas líquidas. Y si bajamos el umbral a 60.000€, tenemos a un 3,1372% de los declarantes, contribuyendo con el 32,43% del total.

Esquemáticamente:

Con estas cifras parece quedar más que claro que los ricos pagan significativamente más impuestos sobre la renta, se mida como se mida. Además de pagar también más de los demás impuestos. Pero volviendo al argumento del “realismo recaudatorio”, indican también que, si subiéramos los impuestos en un 50% adicional a “los más ricos”, la recaudación adicional sería de solo 1.554 millones de euros (un 2,25% más). Y si además subimos un 25% adicional los impuestos a las rentas entre 150.000 y 600.000€, la recaudación aumentaría en 1.409 millones, que supone un 2,04% (acumulando a la subida de los “super ricos”, 2.963 millones, un 4,3% más). Subidas que además de plantear problemas evidentes de constitucionalidad (por confiscatoriedad manifiesta), generarían efectos perversos previsiblemente contraproducentes (desincentivos, traslaciones del coste a las empresas –con la consecuente compensación en el Impuesto sobre Sociedades–, deslocalizaciones…).

Cuando un politico dice que va aumentar los impuestos de los ricos...

En definitiva, la teoría podrá ser muy bonita –aun así discutible– y aparentemente sencilla, pero la realidad tiende a imponerse tozudamente: se recauda –y se incrementa la recaudación–, donde hay y donde se puede (no donde se quiere porque parece que hay y porque tiene menos coste político).

En consecuencia, que no le engañen, cuando un político le diga que van a aumentar la recaudación subiendo los impuestos a los ricos… no le quepa duda de que se los van a subir a usted –que tienen una renta media esencialmente compuesta por salarios, y consume toda clase de bienes en una proporción significativa de su renta–.




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