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En el concilio de esta noche, los ancianos llamaron a varios jóvenes del poblado recién salidos de la institución educativa, ya que les habían llegado rumores sobre comportamientos nada venerables de los mismos. Y ante todo el poblado, los ancianos comenzaron a interrogarlos. 

En el concilio de esta noche, los ancianos llamaron a varios jóvenes del poblado recién salidos de la institución educativa, ya que les habían llegado rumores sobre comportamientos nada venerables de los mismos. Y ante todo el poblado, los ancianos comenzaron a interrogarlos.

Todos y cada uno de los ancianos expresaron sus dudas y les presentaron sus cuestiones de forma sencilla, clara y comprensible. Sin embargo, los jóvenes, con rostros de sorpresa y mirándose unos a otros, se quedaron en silencio. Ante ello, uno de los ancianos les preguntó cuál era la causa de su sorpresa y por qué no contestaban a cosas tan sencillas. Ante la persistencia del silencio, el anciano se dirigió al joven Cesarino que tenía fama de ser el más inteligente de todos, y le volvió a plantear los temas ya expuestos.

Cesarino, confuso y balbuceante, apenas supo decir unas cuantas palabras sin significado coherente alguno para, a continuación, callarse.

Uno tras otro, todos los jóvenes fueron interrogados por el mismo anciano y ninguno supo contestar a preguntas tan simples.

Cuando los ancianos les indicaron a los jóvenes que se retiraran, todos a la vez comenzaron a protestar atropelladamente y a echar la culpa de sus comportamientos a los profesores de la institución educativa, ya que no habían sabido enseñarles las materias que, según los ancianos, eran tan simples. El último en intervenir, Cesarino, con arrogancia y palabras graves manifestó que “él, particularmente, al considerar que lo que le explicaban en las clases no le producía ningún beneficio, todos los días al llegar a su casa tiraba al fuego los materiales de clase, y que, por lo que le habían dicho sus compañeros, ellos hacían lo mismo”.

Ante esta situación, los ancianos hicieron comparecer a los profesores de la institución educativa, exponiéndoles las graves acusaciones de las que habían sido objeto.

Uno de los profesores, tomando la palabra en nombre propio y en el de sus compañeros, se dirigió al concilio:

“Venerables ancianos, vean los programas de las asignaturas que forman parte de las materias que se enseñan en la institución educativa y tengan también los contenidos de todas ellas. Como verán, los educandos son instruidos en todas las materias que interesan al poblado para su progreso y prosperidad. Sin embargo, manifestamos nuestra incapacidad, muchas veces denunciada por nosotros, para transmitir adecuadamente las materias, ya que se precisaría coaterias que precisartir adecuadamented, muchas veces denunciada rias que interesan al poblado para su progreso y prosperidntar con más profesores y con menos alumnos por profesor. Nos resulta imposible en estas circunstancias atender personalmente a cada alumno, y en clases de muchos alumnos es lógica la distracción, la falta de atención y el pasotismo de una gran mayoría de los mismos. Además, nuestros jóvenes llegan a nuestra institución educativa con una absoluta carencia cultural, ignorantes de los conocimientos más básicos y con una total falta de interés en aprender… Les ruego que vean los trabajos que han realizado… Escritos con letra imposible de leer, con ortografía inventada por cada uno, con incoherencia gramatical, con sintaxis inexistente y sin significado alguno ni conclusión comprensible al final de los escritos. Vean los tachones, los renglones torcidos…; los papeles arrugados y amontonados unos detrás de otros sin sistemática ni orden lógico alguno que imposibilitan su correcta comprensión. Y cuando se les pregunta sobre la materia que han tratado, sus respuestas son incoherentes, incomprensibles y totalmente absurdas e incorrectas. Vean y después digan si los docentes somos los culpables de los resultados desastrosos, y… si lo son también los alumnos…, o si la culpa es de un sistema que ha destrozado sin remedio a varias generaciones con sus leyes educativas absurdas, la falta de medios de todo tipo y los recortes sin sentido. Analicen si la culpa no es de los dirigentes políticos que ha tenido el poblado y que son los autores de ese sistema que ha sustituido a otro que, a su vez, había sustituido a otro, dada la incapacidad que dichos dirigentes han tenido durante varias generaciones para entenderse y buscar el beneficio del poblado, y que, sin embargo, sólo se han preocupado de sus intereses y beneficios particulares. Vean, analicen y decidan”.

Y esta noche, el concilio se disolvió en silencio, y pude comprobar como las lágrimas caían por los rostros de los ancianos…

Y este escuchador se retiró y escribió todo lo que había presenciado para ejemplo de pobladores futuros, sabiendo que sólo podría tranquilizar su espíritu contemplando las estrellas.

 

El Escuchador: Ennio Albino Juliano

 




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