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  • La economía española no termina de apostar por el conocimiento como fuente de riqueza
  • Mientras los países más competitivos del mundo han aumentado notablemente sus gastos en I+D pese a la crisis, España los ha reducido. La consecuencia más grave ha sido que el número de empresas innovadoras se ha reducido un 56 % desde 2008 hasta 2014. El gasto ha aguantado mejor entre las empresas de mayor tamaño.
  • Es urgente impulsar políticas de innovación, y no sólo políticas de I+D como se ha venido haciendo hasta ahora

FEDEA presentaba este jueves pasado  un informe titulado "Las consecuencias de la reciente crisis económica para la innovación empresarial española” elaborado por Juan Mulet. Este documento, es el primer trabajo de un nuevo Observatorio dedicado a analizar la innovación empresarial. La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) es una fundación independiente constituida hace 26 años, cuyo objetivo es hacer de puente entre el mundo académico y las necesidades y demandas de la sociedad española (www.fedea.es).  Mulet, J. (2016). "Las consecuencias de la reciente crisis económica para la innovación empresarial española.” FEDEA, Estudios sobre la Economía Española, no. 2016-04. Madrid.

Los datos analizados en el informe confirman que la economía española no termina de apostar por el conocimiento como fuente de ventaja competitiva, al contrario de lo que ocurre en las economías más dinámicas del mundo. Según los últimos datos armonizados de la OCDE para el período 2008-2014, mientras que países como Corea del Sur han aumentado sus gastos para crear nuevo conocimiento (I+D) un 57%, Alemania un 23%, Estados Unidos un 12% e incluso Japón un 7%, a pesar de su delicada situación económica, España los ha reducido un 6%.

La crisis acaba con más de la mitad de las empresas innovadoras en España

La consecuencia más grave de la crisis para la capacidad de I+D e Innovación en España ha sido que el número de empresas innovadoras se ha reducido drásticamente. Por lo que se refiere a las empresas con innovaciones tecnológicas, las que habían creado nuevos productos y servicios o introducido mejoras sustanciales en los mismos han pasado de ser 42.206 en 2008 a sólo 18.511 en 2014, un 56% menos. Eran ya ciertamente pocas en 2008, menos del 1,2% de las listadas en el DIRCE (Directorio Central de Empresas del INE), pero en 2014 apenas alcanzaban el 0,6%, a pesar de que el número de empresas recogidas en el Directorio se ha reducido en un 8% entre estos dos años. Y, en el caso de las empresas que declaran innovaciones no tecnológicas, es decir aquellas que mejoran sus procesos organizativos o comerciales, la caída ha sido de un 40%, desde 54.125 censadas en 2008 (el 1,6% de las listadas en DIRCE) hasta 32.626 en 2014 (el 1% del citado censo).

La I+D empresarial también ha sufrido un descalabro importante entre 2008 y 2014. El número de empresas con actividad en este campo ha disminuido en un 32% y su gasto en I+D en un 16%. Pero esto debe ser analizado con algo más de detalle. La disminución en el número de empresas con actividades de I+D depende mucho del segmento de tamaño considerado. El que más ha sufrido es el de las que emplean entre 10 y 49 trabajadores, que se ha reducido en un 47%, mientras que las microempresas solo han caído un 4%, seguramente porque hay todavía jóvenes innovadores cuya carrera profesional está directamente ligada a sus nuevas empresas. En cuanto a las del segmento entre 50 y 249 empleados, han disminuido en un 22% y las grandes en un 16%. También hay diferencias importantes en términos de gasto. De nuevo el segmento de las que emplean entre 10 y 49 trabajadores es el más afectado, con una reducción de su gasto en I+D del 39%, mientras que las que tienen entre 50 y 249 empleados han reducido el gasto en un 23% y las grandes en sólo un 1,1 %. Las microempresas, finalmente, redujeron su gasto en un 9%.

El sistema público de I+D también se ha visto afectado, aunque en menor medida

En el sistema público de I+D ha ocurrido algo parecido, aunque con las peculiaridades que lo caracterizan. El gasto ejecutado por este sector no se resiente inmediatamente de la crisis a pesar de que las aportaciones reales de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) empezaron a decrecer en 2009. Estos gastos siguieron creciendo hasta 2010, en un efecto de inercia, porque los grupos de investigación sólo comenzaron a notar los recortes con la finalización de sus proyectos. Lo mismo ha ocurrido con el personal y los investigadores públicos, cuyo número no empieza a decrecer hasta 2010. Sin embargo, sus publicaciones siguieron aumentando hasta 2013, si bien a partir de ese año se nota una cierta desaceleración.

El efecto más negativo de la crisis para el sistema público de investigación español es que durante estos años no ha sido posible la incorporación de nuevos investigadores, con lo que se ha agravado el problema de la elevada edad media de este colectivo. Esto dificulta el necesario relevo generacional y seguramente ha tenido efectos adversos sobre la productividad, que suele ser más elevada en los años justamente posteriores al doctorado.

Es el momento de impulsar políticas de innovación en España

Si antes de la crisis el sistema de innovación español ya era muy pequeño en comparación con los países de referencia, la crisis lo ha reducido todavía más, mientras que el de estos países ha seguido creciendo. Aunque resulta esperanzador que el sistema de innovación español no haya perdido completamente su vitalidad, existe un claro peligro de que termine haciéndolo si no logramos que nuestra capacidad de utilizar y crear conocimiento para generar riqueza se convierta en una prioridad estratégica para el país.

El informe concluye que no sólo es necesario revitalizar nuestras políticas de I+D, que han sido exitosas como en casi todos los países donde se aplican recursos públicos de una manera más o menos continuada, sino que además es urgente empezar a diseñar y poner en práctica verdaderas políticas de innovación, que nunca hemos tenido en España. Su objetivo sería el de inducir a muchas más empresas a asumir el gran riesgo de la innovación, que se añade al inherente a la propia actividad empresarial Esto es necesario porque el bienestar de nuestro país ya no puede depender de un sistema productivo basado en bajos costes. De acuerdo con el autor del informe, sólo ofreciendo productos y servicios que aporten valor al mercado global será posible un crecimiento sostenible de nuestra economía.  

 

 




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