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El pasado 18 de mayo tuve la suerte de intervenir como ponente en el I Congreso LegalTech y Start-Up jurídicas que se celebró en S. Sebastián. Estupenda y necesaria iniciativa organizada por Bárbara Román, Jorge Campanillas, Jorge Morell. Incido en lo de necesaria, porque ya iba siendo hora de que se hablara en un foro de expertos sobre la categoría LegalTech y se trabajase para definirla y establecer conceptos que nos ayudarán a todos a avanzar en el exigente camino de la transformación digital del sector legal. 

Si hace tres años la “mediación” era el fenómeno de moda en el sector y algunos comentamos la existencia de una verdadera burbuja, hace dos, el “cumplimiento normativo”, se convirtió en un fenómeno similar, en el que aún estamos inmersos. Pero últimamente, son dos nuevas categorías las que ocupan más páginas en los medios especializados del sector y resultan elegidas como temática de los encuentros y conferencias que nos entretienen, me refiero a la innovación y la LegalTech.

En este artículo, profundizamos sobre ambos conceptos, analizamos lo que está pasando, por qué y para qué se está innovando en el sector.  Reflexionamos también en él, sobre los retos a los que se enfrenta el sector en materia de innovación y propongo algunas soluciones que ayudarían a promover que se innove más y mejor en nuestro sector.

Innovación y LegalTech: las palabras de moda

Como hemos señalado, la palabra innovación está hoy en boca de todos. Decir que se es “innovador”, es algo que parece que da puntos.  Por ello, muchos despachos de abogados se han sumado a la moda y presentan públicamente iniciativas de toda índole, dirigidas fomentar una imagen innovadora para sus firmas.  Aceleradoras como la que lanzó hace unos meses, con el apoyo de Telefónica Open Future, la firma de abogados Cuatrecasas, incubadoras como la que puso en marcha ya hace un par de años la empresa de servicios jurídicos Legálitas, o aplicaciones móviles como las que ha desarrollado un juez de Murcia para permitir el cálculo de las penas (ver noticia), son sólo algunos de los ejemplos a los que podemos hacer referencia.

Una primera observación que quiero hacer es que cuando el sector habla de innovación, ésta se relaciona casi sin excepción, con proyectos o avances tecnológicos y en mucha menor medida con nuevas formas de hacer. Es indudable que el estado que han alcanzado el hardware y las telecomunicaciones y el software, permiten hacer muchas cosas novedosas, pero también lo es que, la innovación debe entenderse en un sentido mucho más amplio: la utilización del conocimiento para ofrecer al cliente/ciudadano productos o servicios mejores. Es decir, Innovación no es sólo tecnología, es mucho más. Innovación no es un fin, sino un medio para ofrecer algo mejor. Innovación es dar respuesta a la exigencia de los clientes de nuevos servicios, de otros conocimientos, de otra forma de facturación. Innovación para el ciudadano es que le permitan entender las normas y participar en su elaboración; lo es también, poder opinar sobre la prestación de los servicios de la Administración de Justicia y lo es, asimismo, tener acceso a los datos que le interesan, sin obstáculos e, idealmente, sin tener que abonar un precio por ellos.

Respecto al concepto LegalTech, éste hace referencia a la tecnología desarrollada específicamente para dar servicio a los profesionales del sector legal y particularmente a los abogados. Es necesario incluir en esta categoría toda aquella tecnología que tenga relación con lo legal, con la construcción y protección del Estado de Derecho. Así, en nuestra opinión, una definición válida podría ser la siguiente: LegalTech es toda aplPegaricación informática que sirve a los operadores del sector legal para cualquier fin relacionado con el desarrollo de su profesión, así como la que presta un servicio de naturaleza jurídica.

La LegalTech puede servir a los juristas para hacer mejor su trabajo o bien para sustituirles, en todo o en parte. Puede estar dirigida a cubrir necesidades de los profesionales del sector legal, o bien de los clientes de éstos y/o ciudadanos.  Finalmente, su uso puede suponer un cambio en los modelos de negocio o servir para mejorar un negocio ya existente.

Las razones de esta moda entre la abogacía y en las Administraciones Públicas

Nadie discute ya que la competencia es cada vez más feroz y que el mercado está muy saturado. La asimetría de información abogado/cliente ha desaparecido y éste último, ya no busca simplemente la profesionalidad, la experiencia y la seriedad del abogado tradicional, sino que ahora espera, también, inmediatez en la respuesta, ahorro de costes y el mayor número de servicios de valor añadido posible. Así que los abogados, procuradores, notarios, registradores, graduados sociales, etc.  están teniendo que innovar en sus modelos de negocio; en su cartera de servicios; en los mercados donde ofrecen servicios; en los procesos; en la gestión de los profesionales que forman parte de sus equipos o en la forma de posicionar sus marcas.  Ya no basta con poner un chat o un formulario en el sitio web del despacho y llamarlo “consulta legal online”, hay que buscar otra forma de hacer las cosas, porque hoy los clientes están exigiendo transparencia, inmediatez, accesibilidad, precios competitivos, todos ellos atributos que pueden lograrse a través de procesos centrados en la innovación.

Respecto a las instituciones y organismos públicos que actúan de una u otra forma para garantizar el Estado de Derecho, el ciudadano se ha hecho “poderoso”, quiere información y la quiere ya; sabe que sin gran inversión puede lograr que sus reclamaciones sean escuchadas y en caso necesario, está dispuesto a alzar la voz.  En consecuencia, las administraciones no pueden dar la espalda por más tiempo a la necesidad de trabajar para abrirse y ser más transparentes. 

Los apoyos a la innovación en el sector legal

La buena noticia es que en el sector están pasando muchas cosas y que el ecosistema es ahora mucho más favorable que hace poco tiempo. Editoriales jurídicas, organismos públicos, despachos y empresas, universidades y centros de formación, entre otros están liderando iniciativas que favorecen la innovación, como, por ejemplo:

  • Programas dirigidos a promover el emprendimiento LegalTech como JustiApps #HackTheJustice, cuya segunda edición acabamos de presentar, el día 29 de mayo en el Ministerio de Justicia (acceder al sitio) y que incluirá concursos de ideas, debates, foros, un hackathon y el apoyo a los participantes que deseen constituirse en startups jurídicas.
  • Concursos para fomentar el emprendimiento.
  • Premios a la innovación.
  • Aceleradoras e incubadoras.
  • Cursos y talleres sobre tecnología y emprendimiento.
  • Investigaciones como la que llevó a cabo hace un par de años y que, lamentablemente, no se ha vuelto a repetir sobre Abogados y Redes Sociales, pero que el sector necesita como agua de mayo.

Los frenos a la innovación en el sector legal

Como hemos visto, el ecosistema básico existe ya y hay que aprovecharlo. Sin embargo, siguen quedando todavía obstáculos que están impidiendo o ralentizando la transformación del sector, como, por ejemplo, el miedo al cambio; la procastinación de muchos profesionales del Derecho; la falta de coordinación entre instituciones; los monopolios de conocimiento que no ven ventajas en que el modelo económico cambie, son sólo algunos de los factores que hacen que el proceso de cambio no se produzca al ritmo que debería. 

Además, de estos factores limitadores, hay que afrontar los retos que el mismo sector pone a la innovación legal: El paradigma de que lo jurídico y lo innovador no se llevan bien es un prejuicio que se debe derribar.  Los abogados, los jueces, los notarios y casi todas las profesiones jurídicas que conozco, exigen de una u otra forma innovar, ¿cómo podría ser de otra forma si los cambios en el marco jurídico son continuos? Los juristas necesitamos adaptarnos continuamente al cambio y estamos dispuestos a ello. De hecho, no nos queda más remedio.   

Por otro lado, es necesario también transformar otra creencia limitante, la de que el jurista es un profesional esencialmente individualista, que prefiere trabajar sólo, porque la era digital es la era de la interacción, de la colaboración, del trabajo en equipo y de la multidisciplinariedad.

Finalmente, los juristas tenemos que incluir la formación en competencias digitales como objetivo prioritario en nuestras agendas.  

 

LegalTech: ¿dónde estamos y a dónde vamos?

La solución a todos los desafíos abiertos frente a la innovación en el sector legal pasa, principalmente, por un cambio de mentalidad y una modernización de la profesión. Para ello, lo ideal es que se empiece por las bases, es decir, fomentar la idea de innovación en los futuros juristas. Ya no basta con una formación eminentemente jurídica, pues es imprescindible que un profesional del siglo XXI sepa también relacionarse con otros sectores y pueda desenvolver su creatividad para dar solución a los retos que plantea la sociedad. Con este objetivo y dentro de JustiApps #HackTheJustice y con el apoyo de Thomson Reuters hemos organizado un concurso universitario de ideas en el que podrán participar estudiantes y profesores de las facultades de Derecho (consultar bases aquí). 

De igual forma, las instituciones y empresas juegan un rol muy importante en el impulso de la innovación, porque son ellas quienes pueden contribuir a la creación de un ecosistema y de las herramientas que permitan el manejo libre de datos útiles para todo el sector. En esta línea, no podemos más que congratularnos con la excelente noticia que Iñaki Vicuña, responsable del CENDOJ, anunció en el marco del congreso de S. Sebastián: el CGPJ tiene encima de la mesa un proyecto que supone la puesta a disposición de todo el acervo de sentencias que tratan, en un plazo de año, año y medio, sin necesidad de que se tenga que abonar tasa alguna. Es éste un importante hito en la reclamación que desde el IIL llevamos haciendo desde hace meses a las instituciones clave del sector de que trabajen con el fin de que podamos acceder a más datasets y no sólo a estadísticas.

Respecto a dónde estamos exactamente, en el Instituto de Innovación Legal, identificamos e inventariamos los proyectos de tecnología legal que se están promoviendo en el mundo hispano y hemos identificado alrededor de 100 (lejos de las más de 600 del mundo anglosajón, inventariadas por Robert Ambrogi en su inventario), en diferentes fases de desarrollo. Ejemplos de estos proyectos, son los que han sido seleccionados por la aceleradora de Cuatrecasas (link a noticia) o los que ha registrado Jorge Morell (@jorgemorell) en este excelente post, donde repasa exhaustivamente la LegalTech disponible en nuestro país.

La revisión de esta tecnología nos lleva a conclusión de que la mayor parte de los desarrollos actuales, tienen por objetivo apoyar al abogado en la comercialización y promoción de sus servicios, así como en la gestión digital del despacho y en mucha menor medida, se trata de herramientas que reemplazan en todo o en parte, al profesional legal (como chatbots, desarrollos de inteligencia artificial, etc.). O bien estamos luchando contra la extinción de estos trabajos, o bien la tecnología aún no está lo suficiente madura, o bien no hay aún emprendedores que hayan identificado en estos campos un interés para su desarrollo.  Sea la causa que sea, lo que está claro es que aún hay mucho trabajo por hacer.

Un hecho reseñable sobre el dónde estamos, es que no son juristas quienes por lo general están liderando la mayor parte de estos desarrollos tecnológicos. La realidad es que, salvo excepciones, esta responsabilidad está recayendo en profesionales ajenos al mismo: ingenieros, economistas, etc. que están identificando el potencial de negocio que la tecnología aplicada a lo legal, puede tener. Dos ejemplos ilustrativos de esta realidad son los casos de las exitosas empresas: Reclamador y Testamenta. La primera, fundada por Pablo Rabanal, un economista, está especializada en la gestión de reclamaciones de toda naturaleza y que lleva interpuestos miles de demandas judiciales. La segunda, fundada por un profesional del marketing, Carlos Argemí, con quien tuve la oportunidad de coincidir en el DES MADRID 2017 y que nos explicó que son la organización que más testamentos ha realizado en España.

Conclusiones

En los últimos meses, innovación y tecnología son dos de las palabras que más escuchamos los juristas. Artículos, congresos, seminarios…todos hablan de ello. Y es que estamos viviendo un momento realmente apasionante y es el del nacimiento de la categoría de la LegalTech, a la que nosotros definimos englobando no sólo la desarrollada para cubrir las necesidades de la abogacía, sino también las de otros colectivos de profesionales jurídicos y las de naturaleza jurídica del propio ciudadano.

Está claro que la aparición de internet ha provocado cambios radicales en el comportamiento del cliente y del ciudadano, en la forma de relacionarnos, en los procesos e incluso en los modelos de negocio y que la tecnología puede dar respuesta a los retos que estos cambios plantean.  

Los juristas somos, por lo general y a pesar de que muchas veces se afirme lo contrario, por exigencia intrínseca a su profesión, innovadores. Nuestro trabajo demanda buscar soluciones, con frecuencia, novedosas.  El reto está en convencernos de que no innovar, implica estancarnos, quedarnos atrás y dejar que otros aprovechen oportunidades que nadie como nosotros podría aprovechar mejor.

Es éste un buen momento para hacerse emprendedor de LegalTech. Hay ya muchas iniciativas que apoyan a quien apuesta por hacerlo. De la mano de editoriales jurídicas, organismos públicos, despachos y empresas, universidades y centros de formación, entre otros, están surgiendo interesantes proyectos como hackatones, concursos de emprendimiento, aceleradoras, incubadoras, cursos y talleres, investigaciones, etc. para ayudarnos. Nosotros los juristas no podemos seguir ajenos a lo que la realidad nos está mostrando cada día: hay que renovarse o morir. Es el momento de sumarse al reto de la #InnovaciónLegal. Desde el Instituto de Innovación Legal, promovemos el programa, JustiApps - #HackTheJustice con el objetivo de apoyar a los juristas que quieran desarrollar tecnología, a hacerlo exitosamente.

 

 




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