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Estamos por fin acostumbrados a ver por las calles a personas con discapacidad, sobre todo las que tienen una discapacidad perceptible a simple vista. Esa normalidad ha tardado en llegar a nuestras vidas mucho tiempo tras una intensa lucha desde las asociaciones de familiares de estas personas que les han ido introduciendo en la sociedad poco a poco. La gran aportación a la visibilidad del colectivo ha venido de las familias, si bien es cierto, que con el tiempo los poderes públicos han ido insertando tibias medidas para que fuese posible que formaran parte de forma real en la sociedad.

Hoy en día encontramos personas que utilizan desde sillas de ruedas, bastones, audífonos, artilugios tecnológicos externos, todo tipo de prótesis visibles… y ya no sorprende a casi nadie. Esa normalidad es fruto de un gran esfuerzo a lo largo del tiempo que la sociedad ha sabido asimilar con total naturalidad. Ir a una playa y ver a  los socorristas llevar a una personas con una severa discapacidad física al agua para que se bañe igual que el resto de personas que están disfrutando del sol y el agua ya se ha hecho usual o que te asista en un hotel un o una joven con síndrome de Down de forma exquisita. En esas tesituras nos hallamos.

Nos encontramos en  el punto exacto en que los operadores jurídicos con discapacidad debieran exteriorizar la misma sin ningún reparo. Es el turno de los operadores jurídicos. Cierto que han visibilizado sus limitaciones algunos Jueces de Altos Tribunales , Fiscales Generales del Estado,  letrad@s,  parlamentari@s, directiv@s de compañías punteras… generalmente con discapacidad física o sensorial, visible y perceptible, ayudando a que se admita con naturalidad lo que es natural y no puede esconderse , tratando de mostrar al resto de personas que tener una discapacidad, en muchos casos, no es  una limitación a la vida en sociedad y que se puede participar como cualquier otra persona de las cosas que la vida ofrece, como puede ser un puesto de trabajo tan altamente cualificado como el de Fiscal, Juez, Letrad@… animando al resto de operadores jurídicos a sumarse a esa actitud positiva de exteriorizar sin miedo de lo natural.

También es cierto que los operadores jurídicos citados, que trabajan en muy altos niveles de la sociedad, tienen adaptaciones personalizadas,  ajustes necesarios para el valioso y difícil desempeño de su labor  en cuanto al ejercicio de su profesión, con importantes ayudas para que las condiciones laborales sean  adecuadas  y dar  cumplimiento al principio de igualdad. Pero, aún con lo todo lo expuesto, son casi una excepción. Y la excepción confirma la regla que resulta ser que los operadores jurídicos no visualizan su discapacidad en la generalidad de los casos. Desde aquí les animo a mostrarse en toda su integridad ya que su discapacidad es parte de su ser y va unido al resto de la persona que es y se muestra.

Es de suma importancia que se visualicen las limitaciones para mostrar y demostrar a la sociedad que aún con dichas limitaciones se pueden ejercer profesiones catalogadas de muy cualificadas por el nivel técnico exigido o el rigor en su desempeño, aprovechando dicha circunstancia con vistas a que la sociedad admita que ser diferente no implica quedarse fuera de esa sociedad. La visualización de un operador jurídico con discapacidad cumple también la función de acercamiento del mundo de la discapacidad a las personas de a pié que ya están valorando positivamente tal exteriorización.

Si los operadores jurídicos que tienen alguna discapacidad, no están dispuestos a mostrarse con sus limitaciones, que es lo que les hace diferentes aunque no desiguales, algo está fallando. Aportemos naturalidad a lo natural. Sin cortapisas.

A todos los operadores jurídicos que exteriorizan sin miedo su discapacidad

 




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