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Desde sus inicios en la Facultad de Derecho el futuro abogado comienza su carrera de infelicidad y pesimismo. El principio de presunción de inocencia no es más que un intento desesperado de optimismo. De hecho, el Derecho está repleto de ese tipo de artificios, mientras las leyes dicen que toda persona acusada de delito es inocente mientras no se pruebe su culpabilidad, esas mismas leyes se formulan sobre la suposición de que nuestros derechos se verán vulnerados, los hombres se matarán y se robarán unos a otros y los contratos no se cumplirán. El mejor ejemplo de las sombras que rodean al abogado es la perfección en las formas que dejan de nuevo entrever una fría cordialidad en el mundo jurídico.


Conseguir los mejores beneficios posibles para sus clientes

Después de la etapa universitaria, a los abogados se les forma para ser agresivos y sentenciosos, pues pertenecen a un sector sometido a la victoria y a la derrota. Se les pide que sean intelectuales, analíticos y poco afectivos, pues una importante parte de su actividad se produce en soledad, consultando información y preparando escritos. Soportan una excesiva dilación en la resolución de sus casos y han de dedicarse a varios al mismo tiempo. Se ven rodeados de conflictos y tensión, y las emociones positivas en el caso de que se den, duran poco. Las consecuencias emocionales de todo ello son la depresión, la ansiedad y el enfado.

Por lo tanto, el abogado vive permanentemente sumergido en el pesimismo y he aquí otro engaño: el trabajo del abogado consiste en conseguir los mejores beneficios posibles para su cliente, es cierto, pero también lo es que el abogado prepara al cliente para lo que le puede ocurrir y lo hace centrándose en las dificultades de cada caso. Ha de ser prudente, pues un extremo optimismo puede ser fatal para los intereses de su cliente. De este modo el abogado intentará siempre acallar las emociones y esto le conduce al embotellamiento y la apatía. “No puedes aceptar lo relativo a la contribución a las cargas del matrimonio y alimentos del Convenio Regulador del divorcio”, “has pagado un préstamo con unos intereses leoninos”,” van a pedir pena de prisión porque tienes antecedentes por allanamiento de morada”, etc

Trastornos depresivos

Esta orientación constante a lo negativo afecta a la calidad de vida profesional del abogado y se traslada a su vida personal. Así lo determina Martin E.P. Seligman, Paul R. Verkuil y Terry H. Kang en su obra “Por qué los abogados son infelices” (“Why the lawyers are unhappy”). Aunque es un estudio de 2001 realizado en los Estados Unidos, no deja de estar de actualidad, pues son constantes en el tiempo los trastornos depresivos u obsesivo-compulsivos cuyas causas están relacionadas con el ejercicio de la abogacía. Los expertos anteriormente mencionados comprobaron que los abogados registran una tasa que casi cuadriplica la media en estas enfermedades. Esto se traduce en un estrés agudo, desmejoramiento de la calidad de vida, crisis vocacionales, sentimientos de frustración y desemboca en tasas más elevadas que el resto de la población en cuanto a enfermedades cardíacas y divorcios se refiere.

La clave está, como en todo, en que el abogado y cualquier persona en general ha de vivir por encima de sus infelicidades y esa lucha constante en el dominio de nuestras emociones, tal y como dice el famoso Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional: “no significa, en modo alguno, que debamos limitarnos a experimentar un sólo tipo de emoción. El intento de permanecer feliz a toda cosa nos recuerda a la ingenuidad de aquellas insignias de rostros sonrientes que estuvieron tan de moda durante la década de los setenta. Habría mucho que decir acerca de la aportación constructiva del sufrimiento a la vida espiritual y creativa, porque el sufrimiento puede ayudarnos a templar el alma”.

Finalidad social del ejercicio de la abogacía

Los prestigiosos psicólogos clínicos Greenberg, D. y Padesky, Ch. muestran al respecto cómo un abogado y cualquier persona en general puede mejorar su vida utilizando la terapia cognitiva, uno de los métodos terapéuticos más efectivos y más practicados en el mundo que se basa en evidencias científicas que nosotros mismos podemos llegar a construir para evitar caer en los peligros del todo va salir muy bien o todo está podrido.

Lo que el abogado pesimista e infeliz puede hacer, tal y como se dice en “Por qué los abogados son infelices” es percatarse de que su continuo esfuerzo por mantener la prudencia o el pesimismo, su constante presión para acabar antes del límite de los plazos, su posición de mandatario ante los deseos de su cliente y su escaso margen de decisión en el ejercicio de su profesión debido a su dependencia de las normas y procedimientos, tiene como objetivo el cumplir con una finalidad social. Las asistencias defectuosas de un abogado pueden causar daños irreparables a los clientes y al propio sistema legal.  Del mismo modo que un médico que no asiste bien a su paciente puede conducirle a la muerte. Este pensamiento también puede conducir al desasosiego si se práctica en demasía. Pero remarcar este aspecto de la finalidad social del ejercicio de la abogacía de manera virtuosa tal y como ocurre en la medicina puede ayudar a mejorar la calidad de vida del abogado, ya sea penalista, laboralista o de divorcios. Puesto que todos ellos en mayor o menor medida trabajan para hacer justicia a través de la ley y la ley como decía Gayo en la Recopilación Justiniana del Derecho Romano es:

Lo que el pueblo manda y establece.

Pero al pensar así surge la continua pregunta: ¿la Justicia sirve para hacer justicia o solo para aplicar las leyes?, ¿está el abogado condenado entonces a ser infeliz?




Comentarios

  1. Borja

    Muchas gracias compañero.

  2. Amado

    Excelente artículo.

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